En el 2011 tuve un encuentro potente con Antonio, un indigente con una historia increíble: vivió la Guerra Civil en su infancia en la Barceloneta, le alistaron como adolescente y desertó escapando a Francia, donde pasó la Segunda Guerra Mundial. Trabajó 40 años en la sala de máquinas de grandes naves, viajando por todo el mundo y haciendo contrabando. En los años 80 con el indulto volvió a la Barceloneta. Al poco murió su padre y luego su madre. No consiguió que le cotizaran los años en el mar y tenía una pensión de 400 euros al mes, con lo cual se buscaba la vida vendiendo postales antiguas a los turistas en la Barceloneta.

Nunca se casó, ni se enamoró. Consideraba el matrimonio “de mantequilla”, observaba relaciones sin afecto, que se deshacen porque son solo un acuerdo de intereses económicos. Y tampoco quería tener hijos, porque veía un mundo sin solidaridad.

Propuse a Antonio filmar su historia, y aceptó. En el sillón de terciopelo de mi abuelo se sentó, y estuvimos dos horas filmando. Quedamos en que volveríamos a vernos, porque yo quería documentar su vida cotidiana. Pero no le volví a ver. No sé donde está. Quizás haya conseguido lo que quería, morirse ya. Ya no tenía familia, no tenía a nadie. Su desaparición no le importó a nadie. Por eso es esencial que su historia se transmita. En los últimos años casi me olvidé del proyecto, que consideraba inacabado, pero últimamente he decidido sacarlo a la luz, montarlo así como está, para que otros puedan escuchar su historia tal cual la explicó aquel día, sin embellecerla, sin cortarla. Aqui la tenéis.

No nos damos cuenta de lo importante que es escuchar historias, las de nuestra familia pero también las de otros. Es algo natural y necesario, que siempre ha existido, pero parece que al mundo no le interesa. Una vez, en Senegal, la bisabuela de mi hija fue al poblado de origen de la familia. Hacía muchos años que no iba, y pasó una entera tarde narrando la historia de la familia, rodeada de todos los adultos del poblado, sentados en círculo alrededor de ella, escuchando en completo y solemne silencio, sin moverse, durante 3 horas. Las narraciones de vida nos traspasan raíces y pura humanidad.

Las residencias están repletas de ancianos que han perdido el rol de narradores de la historia humana, y entonces pierden la memoria, están solo esperando la muerte. Y nosotros nos debilitamos interiormente.

Asimismo, los que padecen de una enfermedad grave también pueden tener mucho que contar y el proceso creativo puede dar el valor merecido a lo vivido. Mi nuevo proyecto es precisamente el acompañar a los enfermos y a la gente mayor a construir su proyecto autobiográfico. Consiste en recopilar fotos de familia, documentos, cartas, audios, vídeos y objetos, y paralelamente, producir entrevistas en vídeo/audio, autorretratos, retratos, paisajes, still-life, fotografía abstracta, etc. Se selecciona el material y se empiezan a construir las secuencias o composiciones que formarán el proyecto, que tomará diferentes formas artísticas: libro, exposición, instalación, vídeo, para hacer un homenaje a su vida y hacer visible y tangible su legado.